La donna è mobile

"Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino

Porno-trágico IV

Dejamos la mesa y nos dirigimos a un rincón del despacho en donde, en torno a una mesilla se encuentran un sofá de dos plazas y un sillón enfrentados. Me hace sentarme en el sofá y, permaneciendo de pie, empieza a hablar.
No voy a entrar en demasiados detalles técnicos, pero el AMS hace tiempo que dejó de ser una leyenda urbana para convertirse en una realidad en forma de droga sintética basada en el funcionamiento de las feromonas. Ya has podido comprobar los distintos efectos que produce en hombres y mujeres. No voy a contarte nada sobre los procesos inconscientes que se desarrollan a nivel neuronal, pero la mayor parte de los bloqueos racionales son superados por el efecto del AMS liberando los instintos del cerebro ancestral. Muchos de esos bloqueos permanecen para preservar la integridad de los individuos y se supone que es causa del desmayo de los sujetos varones y preserva, aunque no siempre es posible, el equilibrio mental de las mujeres expuestas a la droga. En fin, todo esto es palabrería. El producto está aún en fase de experimentación.
Abro los ojos desmesuradamente. Control no puede dejar de notar mi asombro.
Sí, dice, la Corporación es el fabricante. Una oscura factoría en un ignoto país con una política magnánima para con las empresas que pagan generosamente. De que forma Puerco se hizo con el producto no tiene importancia ahora.
Todo esto parece bastante fantasioso, digo, no he visto en la grabación nada que me indique que se están empleando drogas. Parecía otro tipo de...
Puerco es especial, me interrumpe Control. De alguna manera es inmune al AMS. La forma normal de administrar la droga es por inhalación cuando se la hace calentar. Puerco no podía introducir el material sin que fuera detectado en la aduana, que estaba alertada. Lo que no podíamos suponer es que Puerco se impregnaría el cuerpo con la droga gracias a su inmunidad. Ya has visto su extraña indumentaria, herméticamente cerrada para evitar las fugas.
Mi mirada expresa incredulidad. Hay en toda la historia algo que no cuadra. Control sonríe levemente.
¿Quieres una demostración?
Las pupilas se me dilatan involuntariamente. Me pongo rígido en el sofá.
No conmigo, dice ella francamente divertida.
La puerta se abre de nuevo y en completo silencio entra la secretaria.
Adelante, Irene, acérquese, por favor, dice Control. Siéntese. Usted es una empleada modélica y sé que puedo confiar plenamente en usted. Por muy extraño que le parezca lo que va a desarrollarse en esta habitación, le ruego que permanezca sentada en el sillón y no se mueva. Si lo prefiere, empleando un lenguaje que no es habitual entre nosotras, le ordeno que no se levante del sillón bajo ningún concepto.
La mujer asiente con la cabeza y se sienta alisando su falda, en el borde del sillón, con la espalda recta y las rodillas juntas. Tengo un ligero atisbo del final de sus medias y me fuerzo a mirarle al rostro. Sonrío amistosamente pero me encuentro ante el muro de su indiferencia, de su mayestático silencio. Control pone en la mesilla una especie de incensario. Me da una mascarilla simple que se adapta con un par de elásticos tras la cabeza y una varilla metálica que debe presionarse sobre la nariz. Con eso bastará, dice mientras se pone una mascarilla idéntica. Vierte una sustancia oleaginosa en el incensario y prende una pequeña vela que calentará la sustancia. Control se sienta ladeada en el sofá, una pierna cruzada sobre los cojines y la otra estirada hasta el suelo, de forma que le basta inclinarse hacia mí y decirme al oído que debemos esperar.
Esperamos. Me siento como un estúpido contemplando la hierática inmovilidad de la secretaria. Del incensario brota un tenue hilillo de humo, pero no ocurre nada. La mujer permanece imperturbable hasta que un ligero espasmo sacude sus brazos. Sus manos se aferran a los brazos del sillón y su cuerpo se inclina ligeramente hacia atrás. Junta las rodillas con fuerza y sus hombros empiezan a temblar a causa de la tensión. Deja caer su espalda sobre el respaldo del sillón al mismo tiempo que sus piernas se abren. Se desliza hacia abajo haciendo que su falda suba por encima de sus muslos. Ahora puedo ver sus medias, el liguero que las sujeta, la tenue tela de sus bragas que emiten un brillo orgánico. Desanuda su blusa y deja que sus manos acaricien todo su cuerpo, de sus senos hasta sus piernas. Su cabeza se inclina hacia atrás. Una mano se introduce bajo la braga mientras la otra amasa febril uno de sus pechos. De pronto incorpora su cabeza y sus ojos se fijan en los míos, un brillo de una lubricidad casi animal domina su mirada mientras sin apartar la vista se arroja de rodillas al suelo y avanza hacia el sofá. Se acerca felina y lentamente mientras yo me echo hacia atrás. Su cabeza se acerca a mi entrepierna dominada por una irreprimible erección.
Es suficiente, dice Control, y con un gesto rápido coloca en el rostro de la secretaria otra mascarilla. Por un momento la mujer parece seguir en su empeño, pero Control coge su cabeza acariciándola el pelo. Ya está, Irene, no se preocupe, ya pasó, murmura con la cabeza de la mujer en su regazo. Sin dejar de acariciarla el pelo, los hombros, la ayuda poco a poco a recomponer su vestimenta. La mujer parece recuperarse poco a poco hasta que recupera su flemática indiferencia. Muchas gracias, Irene, puede retirarse. La secretaria desaparece en silencio mientras arregla su ropa sin dirigirme ni una sola mirada. Control, me mira. ¿Convencido? No puedo responder. Control se acerca a mí. Vaya, ¿qué te ocurre? ¿No te ha gustado? ¿Pareces bastante dispuesto? Torpemente respondo, prefiero que estas cosas sean de mutuo acuerdo. Bien, dice Control mientras se levanta y empieza a rebobinar la cinta, entonces voy a explicarte lo que falta de la grabación. Estirando de mis manos me levanta del sofá. Pega su cuerpo al mío, mete la lengua en mi oreja y explica.

Señoras y señores, quiero agradecerles la atención prestada hasta el momento. Espero que estén disfrutando leyendo, tanto como yo lo estoy haciendo escribiendo. Pero es mi obligación hacerles una importante advertencia, lo mejor, lo mejor está aún por llegar. De todas formas pueden ir ustedes aventurando hipótesis sobre como terminará esta historia.

Miércoles, 16 de Febrero de 2005 16:04. [ + ]. Tema: Porno-trágico.

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Autor: a man of no fortune

Desde luego, ni ciencia ficción ni leches: esto lo vive un cada día, pero en sentido contrario, claro
¡ah, si inventaran la dichosa máscara!

Por otro lado: muy bueno, me he reído un rato.

Fecha: 16/02/2005 17:08.


Autor: El autor

¿Te has reido, amofnof?... ¿en qué parte exactamente?
estoy intrigada

Fecha: 16/02/2005 20:04.


Autor: La donna è mobile

Me parece que lo has entendido al revés a man of no fortune, pero yo te lo explico rápidamente. La exposición al AMS viene en el texto expuesta del siguiente modo: "Vierte una sustancia oleaginosa en el incensario y prende una pequeña vela que calentará la sustancia." y aquí, lo malo (en tu caso) sería llevar la máscara, porque de llevarla, te perderías gran parte de la diversión.

:-))))

Fecha: 16/02/2005 22:58.


Autor: La donna è mobile

Y a ti, autor sólo me queda felicitarte por el texto y quedar tuya y de las expectativas de mejora, afectadísima.

:-)))

Fecha: 16/02/2005 23:05.


gravatar.comAutor: Egonauta

El terrible problema es que yo te leí sin ponerme la máscara y tengo todo el cuerpo invadido por las ferommonas.... Mejor no te doy detalles... pero la tricúspide está alborotada.

Egonauta

Fecha: 17/02/2005 00:28.


Autor: By the way

¿Que sustancia es la que se calienta? Tu redacción induce a error

Ego

Fecha: 17/02/2005 00:29.


Autor: a man of no fortune

quiero decir que como homo vulgaris que es uno, vivo día a día perturbado por las feromonas del demonio (femeninas), y que la mascarita no me vendría mal

por otro lado la situación me pareció cómica desde el principio, el tono está muy bien conseguido, la "transformación" de la chica es un excelente esperpento
el autor tiene trazas

Fecha: 17/02/2005 09:21.


Autor: La donna è mobile

Es que las mujeres somos muy crueles, a man of no fortune, cuando notamos que jugamos con ventaja, que nuestra presencia os vuelve tarambanas, lo explotamos al máximo. Como debe ser, además. Que para eso los dineros que nos gastamos en tonteridas españolas. Plumeros y eso (yo sé lo que me digo...).

Gracias por la aclaración, a man, aunque yo no definiría "esperpento" a la transformación, ni muchísimo menos, mira Egonauta y mírame a mí (y ya le he echado un ojo a lo que viene detrás, y enciende el pelo, ojo), con la tricúspide a punto de nieve. Buena es, buena de narices (a falta de vocabulario...).

¡Enfermita me tiene el texto!

:-)))

Fecha: 17/02/2005 09:42.


Autor: La donna è mobile

Y yo la máscara ni tocarla. Ardería en un infierno de pasiones renunciando a ella. Seguro.

(uhhh... como me he levantado, oyes)

Fecha: 17/02/2005 09:44.


Autor: L'Enfant Terrible

¡Usted sí que es un pedazo de feromona, señora mía! que desde que leo su porno-trágico ando más salido que un mono “enviagrao”.

¡¡¡Dios, me va a costar la salud!!!

..

Fecha: 17/02/2005 19:38.


Autor: La donna è mobile

Sí, sí... ¡claro!
Ahora la culpa la tendrá el texto... como que usted no venía así ya de su casa. Válgame. Que los hay duritos (con perdón, XDDD).

Fecha: 17/02/2005 22:38.


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